Sí, la motivación sólo es TÚ responsabilidad

“¿Cómo empezaste?”, “¿Qué te motivó a ponerte en forma?”, “¿Qué te motiva a seguir y mantenerte?”, “¿Cómo le haces cuando se te acaba la motivación?”. Estas son las preguntas que me han hecho mucho últimamente. Al parecer la motivación es todo cuando se trata de empezar una transformación duradera y con cambios permanentes. Hoy, te voy a decir qué me me mueve y por qué siempre es MI responsabilidad.

Por definición, la motivación es el deseo o la voluntad que tienes para hacer algo. Suena bastante simple, ¿no?, pero sabemos que conseguir motivado y permanecer motivado, puede ser un dolor de cabeza.

No sólo sucede, generalmente hay un catalizador que te hace decir “esto ya no es aceptable y tengo que hacer algo al respecto”. Puede ser el final de una relación, una discusión con tu jefe, video inspirador de esos que te hacen llorar, o la  simple comprensión de que tu cuerpo está fuera de control.

En mi caso, estaba pasando por 12 kilos extras y una rachita de mal de amores, aunada a una crisis existencial por terminar la universidad y no saber qué hacer de mi vida que me llevaron a distraerme con el ejercicio— la mejor distracción de mi vida. Pero esa fue sólo la gota que derramó el vaso.

La motivación no es un título que se gana, se cuelga en la pared y es tuya por siempre.

La motivación no es un título que se gana, se cuelga en la pared y es tuya por siempre. Es un aspecto que se alimenta cada día o muere, literalmente. Y deja tú que se muera, con ella mueren tus planes maravillosos de cambiar y ser mejor.

¿Cuántas veces llevas “empezando” la misma dieta? ¿Cuántas veces te dices a ti misma “el próximo lunes”? ¿Cuántas veces más sales de compras para salir con la ropa “que te queda” y no la que te gusta? ¿Cuántos días más te vas a despertar sin gustarte lo que ves en el espejo? Dime cuántas veces y te diré cuánto más vas a durar insatisfecha.

Es real, duro y frío: la motivación interna NADIE la puede prender/mantener/aumentar/disminuir/ por ti, más que TÚ MISMA— NADIE.

LA CRUDA VERDAD

La gran mayoría odiamos tomar responsabilidad de nuestras acciones porque es mucho más fácil culpar a alguien por nuestros problemas, que darse cuenta y aceptar que nosotras somos el común denominador de las fallas.

Culpar es fácil, es la manera más fácil de salir de las cosas. “¡Oh!, la vida es injusta conmigo, sólo falta que me orine un perro, nada vale la pena.” Es como decir “Ya estoy pasada de peso, ¿por qué no simplemente pedir otra gran Big Mac y dejarme ir cual gorda en tobogán?”

Para cambiar tu vida, tienes que cambiar tu mentalidad. Tienes que aceptar que vas a experimentar el fracaso y la decepción. Tienes que entender que las cosas no siempre funcionan a a la primera, y no por eso la vida apesta.

Aprendes entonces que tienes que controlar cómo reaccionas a todas esas situaciones y experiencias. Puedes crear una lista completa de personas a las que culpar, incluido tu entrenador o nutriólogo, pero al final del día todo se reduce a ti. Se trata de qué tipo de persona quieres ser, y de lo que estás dispuesta a cambiar por ello.

La transformación de tu cuerpo y de tu vida no es un proceso simple, eso no es un secreto. La pregunta es, ¿qué vas a hacer al respecto?

Si realmente estás comprometido a cambiar tu vida para mejor, encontrarás una manera. Si no, culparás a otra persona y encontrarás una excusa para sentirte mejor y cómoda en un estado de vida que ni te gusta— sólo para darte cuenta de nuevo que quieres salir de ello y mejorar, y así sucesivamente.

Cada una de nosotras tiene una opción en este mundo en cuanto a cómo va a vivir. Puede decir que quieres cambiar, pero hasta que cambies tu mentalidad para hacer el compromiso de una vida mejor, vas a tirar la toalla cada vez.

¿CÓMO LA ACTIVO Y LA MANTENGO?

No soy la mujer maravilla, y aunque la motivación es algo que ya tengo trabajado, como tú y muchas otras chicas hay días que quiero tirar la toalla. Hay otros, como la semana pasada, en las que la enfermedad o el cansancio me tira en la cama y lo último que quiero es seguir una dieta o ir al gym.

Pero, ¿es eso una razón para tirar todo mi trabajo a la basura? ¡NO! Si miro hacia atrás, siempre habrá días malos, pero están MUY por debajo de mis días buenos.

Por eso te dejo estos 10 recordatorios para cuando sientes que no puedes seguir, cuando la llama está  un poquito apagada:

👉El tiempo para ser exitosa en tu transformación no tiene tiempo de caducidad.

👉Rendirse por completo es la única forma de fallar.

👉Los fracasos en el camino hacia tu cuerpo ideal no sólo son inevitables, sino necesarios.

👉Preocuparte no resuelve nada, ¡ocúpate!

👉Deja de compararte con otras. Otra vez, DEJA DE COMPARARTE CON OTRAS.

👉Todos crecemos y progresamos a nuestro propio paso.

👉Sigue un método que se sienta bien, no sólo que se “vea” bien.

👉Si quieres algo que nunca has tenido, ES NECESARIO SALIR DE TU ZONA DE CONFORT.

👉Date cuenta de los pasos que has dado y date crédito por ellos.

👉Aún cuando crees que no has llegado al nivel que quieres, SIEMPRE ERES SUFICIENTE.

Todo se reduce a ti misma. Se reduce a tu mentalidad, tu visión de la vida, tu capacidad para asumir la responsabilidad de tus acciones y tu voluntad para hacer cambios de hábitos cuando sea necesario.

Deja de culpar a otras personas y cosas por tus fracasos. Si quieres que tu vida deje de ser un plan de supervivencia, para ser una vida que disfrutes en un cuerpo que ames, empieza a vivir como lo harías si ya lo tuvieras. ES TÚ DECISIÓN.

 

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