Una vez al año no hace daño…

Algunas de nosotras, incluyéndome claro, llegamos a estar siempre con un sentido de urgencia para hacerlo todo. Digamos que nos convertimos en seres casi robóticos que sólo ejecutan tareas porque “hay que hacerlas”, ¿te suena familiar? Tal vez sea momento de darte un break…

Es fácil, para cualquiera de nosotras, ahogarse en un vaso de agua con todo lo que hay que lidiar día a día— tecnología, redes sociales, llamadas, amigos, familia, y la presión de sentirte exitosa en todo lo que haces.

Cuando empecé este blog, resultó ser la mejor válvula de escape para mi ligerísima crisis existencial— no encontrar un trabajo que me apasionara. Encontré aquí un “alivio” al escribir, hablar y hacer de un estilo de vida que amo y me encanta…la crisis se disolvió por completo y sólo quedaron algunos asuntos por resolver que sólo el tiempo te ayuda a acomodar.

A veces me siento atorada como si la creatividad no me fluyera más. Y como buena mujer, quiero cosas contrarias al mismo tiempo— quiero conectar más con ustedes sin exponer tanto mi vulnerabilidad; quiero enseñarles más de lo que se sin que me critiquen; quiero ser millonaria pero sin trabajar tanto; quiero un novio que me ame pero no quiero sacrificar mi tiempo para invertirlo en alguien más…y así de pinche loca estoy sucesivamente.

A veces, parece que hasta tomar un respiro es un lujo de toda la presión que sentimos por lo que tenemos que hacer, y es que “si tan sólo el día fuera de más de 24 horas” todo sería más fácil.

La realidad es que sólo tenemos 24 horas al día, sólo 365 días al año, y una sóla vida para disfrutar. Entre toda la rutina cotidiana nos olvidamos de NO HACER NADA. Sí, de no hacer nada más que estar echadas comiendo palomitas viendo una peli. No hacer nada más que lo que nos gusta. No hacer nada más que cuidar de nosotras mismas antes que nadie. No hacer nada más que cumplir nuestras expectativas y no las del mundo entero. No hacer nada más que resaltar lo bonito que ves al espejo y no las imperfecciones que a nadie le importan. No hacer nada más que quedar bien contigo misma antes que con los demás.

Nos hemos olvidado de aprovechar esos momentos en los que lo único que importa es respirar profundo y vivir la vida un poquito más lento. ¡Lo mereces! Como ser humano, debería ser un derecho universal darte un break de la vida, de los números, las cuentas, tu novio, tus amigos, mails de trabajo, y los “deberías de” que tu edad implica.

Yo lo necesito. Así que me voy de viaje sola unos días. A refrescarme y reorganizar mis prioridades— obvio el primer lugar en la lista soy yo. Voy a disfrutar de las vacaciones con Cecilia, y nadie más.

Además de que he decidido hacer algunos cambios a mi regreso:

NÚMERO 1En lugar de forzarme a mí misma a ir al gym como obligación para salir linda en las fotos y que me sigan admirando y preguntando cómo le hago, lo haré porque mi cuerpo lo necesita lo que  me quitará la presión de ser dura conmigo misma por no lucir perfecta. No me mal entiendan, mi cuerpo lo necesita todos los días y me encanta sólo me quitaré la presión de sentir que debo ser un modelo de perfección y disciplina. Sí, necesitas disciplina para lograr cambios, pero la perfección es algo tan subjetivo que si me sigo apegando a ello me volveré loca.

Para que sepan, llevo como 3 semanas comiendo mal. Mal para mí, es comer menos de lo que debería porque bajo muy rápido de peso. Sí, claro que me siento mal porque siempre he sido muy constante con ello, pero también es cierto que el cuerpo no se me va a ir en 3 semanas ni que yo vaya a hacerlo por más tiempo. A mi regreso vuelvo con toda la energía y las ganas.

NÚMERO 2Dejaré de juzgarme tan intensamente por no completar al instante todo en mi lista de tareas pendientes, no soy un robot. Tengo 24 horas al día, que son perfectas para avanzar lo más que pueda, sin desgastarme mentalmente al grado hartarme. Cuando te hartas tu productividad es nula, haces las cosas de  mala gana y el resultado no es siempre le mejor.

NÚMERO 3Seguiré trabajando en dominar mi mente. No hay peor enemiga que nuestra cabeza loca y llena de suposiciones. Poco a poco he logrado pensar más cosas positivas de mi, que negativas. Nosotras somos las primeras en señalar nuestras imperfecciones, castigarnos por todo lo que no somos…¿por qué no aplaudirnos por todo lo que hemos llegado a ser?

Además, he decidido nunca irme a dormir o despertar con una idea negativa. Entrenar nuestra mente para un pensamiento positivo es, como todo en esta vida, cuestión de práctica.

NÚMERO 4Seguir mi instinto. Sí, porque ese NUNCA se equivoca. Nos equivocamos nosotras al hacer una encuesta naciones cada que nos entra la duda de si lo que estamos haciendo “está bien” o “está mal” ahí es cuando viene el conflicto interno…¿hacer lo que siento en mi interior o lo que “debería”? Siempre sigue tu instinto, tu corazón, tu voz interna, o el nombre que le quieras poner.

NÚMERO 6Confiar en que el tiempo es perfecto y lo que hecho va a rendir sus frutos. Sea lo que sea en lo que creas— Dios, Universo, Santos, Ángeles— confía en que hay algo mucho más grande que sabe lo que necesitas viene en camino, no hay necesidad de correr, todo viene en el momento indicado. No digo que te sientes a esperar sin hacer nada el millón de dólares que por el que pusiste a todos tus tantitos de cabeza. Me refiero a que no debemos pensar que el “no” que sientes ahorita es definitivo, tal vez es un “ya casi”…¿no quieres parar a unos metros de la meta, o si?

NÚMERO 7Quererme a mi por sobre todas las cosas. “¡Que egoísta!”, piensan muchos. La realidad es que para poder dar más a los demás, primero tienes que estar completamente llena de ti misma. Para dar más en tu trabajo, en tus relaciones personales, en tus proyectos de vida, primero tienes que estar segura de llenar tu 100% de amor, luego al resto. De otra forma, viene la co dependencia, la frustración, el vacío, el “no soy buena para esto”, etc. Enamorarte de ti misma todos los días…

Y bueno, aquí acaba mi choro mareador, nos leemos la próxima semana. Prometo volver con toda la energía y un cambio muy fresco para el blog. 

Descansa, respira, medita, o NO HAGAS NADA…¡una vez al año no hace daño!

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